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Decálogo de buenas prácticas para reducir la producción de residuos en el hogar

Decálogo de buenas prácticas para reducir la producción de residuos en el hogar

  • “Menos residuos, más recursos” es el lema del documento con el que la Sociedad pretende transmitir sencillos gestos a adoptar por los ciudadanos en su vida diaria para minimizar la generación de basura.
  • Elaborar una lista previa de la compra, dar preferencia a los productos locales y de temporada, así como a los artículos a granel y con el menor envase y embalaje posible, poner fin al usar y tirar, moderarse a la hora de imprimir y optar por las pilas recargables, entre los principales consejos.
  • Atención especial dedica la empresa pública a la necesidad de aminorar el desperdicio alimentario, toda vez que representa un serio problema con múltiples consecuencias medioambientales, económicas y sociales.
  • El decálogo concluye con una alusión al sistema de recogida selectiva y a la conveniencia de separar previamente los desechos y depositarlos en los contenedores correspondientes para que puedan ser reciclados.

Sogama ha remitido a todos los concellos adheridos a su modelo, y que suman actualmente 294, aglutinando una población superior a los 2.260.000 habitantes, un decálogo de buenas prácticas para reducir la producción de desechos en origen.

Bajo el lema “Menos residuos, más recursos”, la entidad pública proporciona a través del mismo diez recomendaciones básicas y sencillas que pueden ser incorporadas fácilmente por los ciudadanos a su vida diaria para disminuir la generación de basura.

De lo lineal a lo circular

Así, y como premisa de partida, aconseja comprar con cabeza y elaborar una lista previa con lo estrictamente necesario, evitando de esta forma sucumbir ante ofertas que no aportan valor añadido y que únicamente suponen un gasto económico innecesario. También dar preferencia a los productos locales y de temporada, contribuyendo con ello a reducir la huella ecológica, a crear empleo local y a reducir las emisiones de CO2 derivadas del transporte.

El decálogo concluye con un alegato al sistema de recogida selectiva y a la conveniencia de separar previamente los residuos y depositarlos en los contenedores correspondientes para que puedan ser reciclado

El usar y tirar, propio de un modo de vida lineal, debe ser abandonado y sustituido por hábitos en los que se prime el máximo aprovechamiento de los productos y la conversión de residuos en recursos, dando paso a una economía circular que preserve los ya escasos recursos naturales. En este sentido, alude a los beneficios que trae consigo la recuperación del tradicional carro de la compra o el propio gesto de llevar la bolsa de casa al mercado evitando el consumo desmesurado de bolsas plásticas no biodegradables de un solo uso. En este sentido, recuerda que la vida de una bolsa plástica se limita a 12 minutos, el tiempo imprescindible para llevar la mercancía a casa.

Los productos a granel y la adquisición de aquéllos con el menor envase y embalaje posible constituye otra buena práctica, al igual que liberar armarios de ropa que ya no se utiliza y entregarla a organizaciones sociales para propiciar su reutilización y reciclaje.

Moderarse a la hora de imprimir se concibe también como una prioridad, al igual que dar preferencia a las pilas verdes y recargables. De hecho, una sola pila botón, a pesar de su aspecto inofensivo, puede llegar a contaminar hasta 600.000 litros de agua.

Con la comida no se juega

Sogama llama especialmente la atención sobre el desperdicio alimentario, que ya representa un tercio de la comida que se produce a nivel mundial, dando lugar a un problema de gran magnitud con un negativo impacto sobre el medio ambiente, la economía y la sociedad. “Con la comida no se juega” constituye la máxima con la que la empresa pública alude a la necesidad de recuperar el valor de los alimentos y evitar que éstos acaben tirados al cubo de la basura. De hecho, el 42% del desperdicio alimentario tiene lugar en el hogar, siendo el pan fresco, las frutas y las verduras los artículos que más se desechan.

En este sentido, se incide en la necesidad de ajustar las raciones al número de comensales, revisar la despensa y la nevera a fin de consumir primero los alimentos más vulnerables, diferenciar entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente, pedir las sobras en los restaurantes, congelarlas y, de ser el caso, elaborar con las mismas nuevos menús.

El decálogo concluye con un alegato al sistema de recogida selectiva y a la conveniencia de separar previamente los residuos y depositarlos en los contenedores correspondientes para que puedan ser reciclados: amarillo, para latas, briks y envases de plástico; azul, para envases de cartón y papel; iglú verde, para envases de vidrio; recipiente específico para pilas; y contenedor verde convencional, para la fracción resto.

Además, en el caso de aquellos vecinos que residen en viviendas unifamiliares con huerto o jardín, el compostaje doméstico puede ser una magnífica opción para la elaboración de abono con restos orgánicos no comestibles.

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